En el camino

Vamos por el buen camino. Muchas personas se han interesado ya por la asociación y estamos ultimando los horarios abiertos al público, y también mandaremos la página de solicitud a través de este blog.
Preparando grandes documentales, meditaciones, relajación... abiertos a nuevas ideas y a que otras asociaciones contacten con nosotros para divulgar información.
Entre todos hablamos muchos idiomas, atrévete a preguntar en el idioma que quieras, trataremos de responderte.
Todos aprendemos de todos. Dice un refrán: Cada persona que encontramos es superior a nosotros en alguna cosa; de eso podemos aprender de ella.

Relaciones que dañan

    No siempre es fácil reconocer cuándo una relación de amistad, laboral o de pareja nos perjudica. Identificar actitudes dominantes o sumisas es la forma de transformarlas. Las relaciones interpersonales generan gran satisfacción y crecimiento, pero también pueden ser el lugar propicio para el desarrollo de actitudes y patrones que llevan al sufrimiento y la pérdida del camino personal.
    En algunas de estas relaciones las dificultades de cada uno "enganchan" a la perfección con las del otro. Así, con ciertas personas nos encontramos una y otra vez ante los mismos problemas, discusiones y conflictos que, aunque estén disfrazados de una manera distinta cada vez que surgen, siguen siempre por debajo la misma "coreografía". Esta "danza" adopta muchas veces la forma de una relación que hiere y que daña. Son enredos que podríamos llamar "sadomasoquismo cotidiano", sin referirnos al sentido de la perversión, sino en el de agrupar aquí a todas aquellas personas que toman roles dominantes frente a otras que se someten. A las que juegan a los opresores y los oprimidos, que soportan vivir inmersas en un juego de manipuladores y manipulados.
   En este juego de sadomasoquismo cotidiano se ven afectados todos los involucrados. Los que dominan lo juegan por su necesidad de control, y los que sufren los pisotones del baile, no es porque les guste sufrir, sino porque están condicionados por mandatos, prejuicios que aprendimos hace tiempo y que se piensa que todo debe ser así, como está sucediendo. Identificar el papel de cada uno en esta coreografía es un gran paso para llegar a una resolución.
    Existen varios tipos de posturas sumisas o dominantes, y podemos reconocernos en más de una. Lo que suele pasar es que cuando potenciamos uno de estos aspectos atraemos justamente a la figura complementaria. Así por ejemplo, algunas de las parejas más frecuentes: el perfeccionista cree que nunca hace las cosas bien, y su compañero habitual, el competidor, está de acuerdo y no deja de hacérselo saber. El complaciente está dispuesto ma hacerse cargo del sufrimiento de la víctima y acude presuroso a satisfacer sus demandas. El mártir aguanta con estoicismo los maltratos del castigador y encuentra en ellos la justificación de su desdicha...etc
 
Relaciones sumisas
    1- El perfeccionista: La actitud del perfeccionista se resume en la frase; Las cosas se hacen bien o no se hacen. Jamás está conforme consigo mismo y aplica al otro la misma exigencia. Le resulta difícil confiar en él, teme revelarle sus puntos vulnerables y reacciona poniéndose a la defensiva frente a las críticas o a las sugerencias. Todo esto oculta una gran inseguridad y el temor a ser rechazado. Al menor error se siente inútil.
    2- El complaciente: Para el complaciente, el afecto se obtiene a través de la aprobación. Vive preocupado por satisfacer a los demás, es atento, obediente y se disculpa con frecuencia. Se siente obligado a ponerse al servicio de los demás. Coloca las necesidades del otro siempre por encima de las suyas, a las que renuncia. esto lo lleva a un silencioso resentimiento. Para los complacientes, inseguros de su propio valor, ser queridos por los demás es lo más importante. Desconectados de sus deseos, se sienten perdidos y sin derecho a defender su felicidad.
    3- El mártir: El mártir se siente víctima de los demás y de los acontecimientos. Se queja de su padecimiento y le echa la culpa al otro o al mundo. Su frase sería: Me tratan con injusticia. Cree siempre que tiene razón, colecciona agravios llevando una cuenta de ofensas recibidas que siempre tiene a mano. No sabe pedir, exige que el otro sepa lo que necesita. Los mártires se sienten indignos de ser amados y se desprecian a sí mismos. Esto les provoca un intenso dolor que se mezcla con el resentimiento. La posición de víctimas les otroga una especie de victoria moral. Si no pueden obtener lo que desean por lo menos pueden lograr tener razón, y esperar que algún día por fin se haga justicia.
    4- El evasor: La frase emblemática del evasor sería: Ojos que no ven, corazón que no siente. Hace todo lo posible para no ver lo que sucede. Cree que las cosas se solucionarán si uno les deja seguir su curso. Le cuesta mucho involucrarse en sus relacion es con auténtica intimidad y manifestar sus emociones. En realidad se siente vulnerable y niega sus sentimientos, con lo que acaba por no saber qué desea y por sentirse solo y aislado.

Relaciones dominantes
    1-El castigador: El castigador mantiene el dominio con amenazas e intimidaciones. Sabe muy bien como localizar los puntos débiles de alguien y los utiliza para someterle. Amenaza con lo que sabe que el otro teme y lo sitúa ante la difícil situación de someterse o asumir las consecuencias. Aunque en muchos casos no cumpla sus amenazas, el terror que inspira genera una angustia que puede convertirse en odio.
    2- La víctima: La víctima mantiene el dominio apuntando no al miedo, como el castigador, sino a la culpa. Lo hace didiendo directa o indirectamente lo que el otro sufrirá si no hace lo que él desea. " No discutas conmigo o me enfermaré", " estoy enferma porque no me visitas a menudo", "Si no me acompañas, no iré"; podrían ser las amenazas de una víctima. Otra manipulación más sutil es sugerir que su desdicha pasará cuando el otro haga lo quye él desea. No amenaza con hacerse daño sino que deja claro que su dolor es por su culpa ( la del otro, claro). Esto lleva al otro a ceder a la demanda encubierta y a llenarse de resentimiento.
    3- El competidor: El competidor busca siempre ser más que el otro. Una manera de hacerlo es competir directamente, tener más eéxitos, empujarse a sí mismo hacia arriba. Otra más cruel es intentar rebajar al otro, por medio de la crítica constante o la anulación, el desprecio y el desdén por sus logros. Todas estas formas se nutren de la inseguridad del otro y la incrementan.
    4- El simulador: El simulador no amenaza ni rebaja, sino que promete. Hace grandes declaraciones de amor o pinta tentadoras perspectivas de futuro. Pone sólo una condición: que se haga lo que desea. Esto puede no ser dicho directamente. si no sugerido en actitudes y comentarios hechos al pasar. Dado que nos ofrece lo que queremos el simulador puede ser un gran seductor. Se alimenta del deseo de que las cosas sean como a uno le gustaría, de nuestra tendencia a no ver lo que no queremos ver.

Cómo romper el círculo
    El primer paso para romper el círculko consiste en no apresurarse a tomar decisiones: ninguna de estas relaciones se resuelve con un impelso, y de hacerlo sólo dejan lugar  para continuar el mismo juego con un nuevo compañero. Hay que tomarse tiempo para pensar y considerar la situación.
    No hace falta enfurecerse, es importante saber que para unos y otros es una manera de protegerse de emociones que sienten que no pueden controlar, que los vuelven frágiles. Muchas veces detrás de los reproches o demandas hay una necesidad no expresada. Descubrir la que hay detrás de las dificultades puede cancelar la necesidad de manipular al otro para conseguirla.
    A veces el otro no está dispuesto a mostrar sus sentimientos ni a pedir directamente. En ese caso quizá no haya más remedio que defenderse estableciendo límites a lo que podemos tolerar. Si el vínculo continúa siendo dañino, hay que valorar la posibilidad de retirarse definitivamente. Si por temor a romper una relación continuamos un juego en el que no podemos sino perder y nos traicionamos a nosotros mismos, conseguiremos hacer de nuestra vida aquello que hemos tratado de evitar. Atravesar nuestros miedos es lña única salida del encierro.

Las 8 actitudes en la relación
    1- El perfeccionista debe admitir que buscar "el máximo" no mejora el rendimiento sino que más bien tiende a empeorarlo. Debe aprender a romper el fuerte vínculo que existe entre su autoestima  y el rendimiento  o la utilidad. Aceptar que las cosas son como son, y no como le gustaría que fueran.
    2- El complaciente debe revisar su necesidad de ser bueno y gustar siempre a los demás porque esto no siempre lleva a la felicidad personal. Reconocer la propia capacidad de valorarse, ya sea para bien o para mal, sin depender constantemente del juicio de los otros. Debe sentir que tiene derecho a sentir y satisfacer sus propias necesidades, preferencias, deseos y manifestarlos.
    3- El mártir no se debe abandonar a la desdicha y dejar de quejarse tanto. Reconocer que el sufrimiento no procura satisfacción. Perdonar las ofensas que ha sufrido o ha recibido sin pensar que fue culpa suya.
    4- El evasor debe despertar y abrir los ojos. Pensar que aunque algunas cosas no son bonitas, si las ignoramos o intentamos evitarlas no desaparecerán. No tener miedo a expresar las emociones. No se puede decidir qué se siente pero si se saber que se puede hacer respecto a ello.
    5- El castigador debe atreverse a ponerse en lugar del otro. Aceptar que los demás no están allí para satisfacerle.
    6- La víctima debe descubrir sus verdaderos sentimientos y la actitud que se esconde detrás de su actitud. En lugar de manipular a los demás para conseguir lo que se desea, aprender a pedir lo que se quiere con franqueza. Aceptar que en algunas ocasiones el otro puede decir "no" sin que su negativa signifique un acto de rechazo o de desamor.
    7- El competidor aceptar que tener más méritos no otorga más poder ni una vida más satisfactoria. Tomar conciencia de que el poder o el éxito no garantizan la felicidad. aprender a reemplazar el competir por el compartir.
    8- El simulador debe abandonar el hacer falsas promesas. Acepar que el otro puede desear algo distinto a lo que tú deseas.

    Desde pequeños nos han enseñado que si no actuamos " como se debe", seremos culpables del sufrimiento de los demás, y la culpa es uno de los sentimientos más difíciles de sobrellevar. Pero si nos damos cuenta de ello, podemos revisarlos y amoldar nuestras creencias a nuestras acciones. Tener una relación saludable no implica eliminarlos problemas, sino resolverlos sin que sea una forma estereotipada.

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